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Review Mob City 1x01 - "A guy walks into a bar" (¡Bienvenidos a Mob City!)

Bienvenidos a "Mob City". Una ciudad llena de luces de neón, cantinas envueltas en el...


Bienvenidos a "Mob City". Una ciudad llena de luces de neón, cantinas envueltas en el humo de los deliciosos “Lucky Strike”, el Bourbon de la mejor calidad, corbatas llamativas y zapatos de charol, siempre a punto para disfrutar de las veladas que nos brindan las bellas y fatales solistas de jazz, y sus esmerados acompañantes saxofonistas. Pero además, Mob City también es el recipiente de intrincadas traiciones, intereses, chantajes, apuestas, negocios, asesinatos, crueldad, asesinatos y por supuesto, amor. Y es por ello, que Frank Darabont, aprovechando su éxito como “showrunner” de “The Walking dead” (impresionante esta cuarta temporada) nos tiende la mano para que conozcamos todos los secretos y miserias que encerraba la ciudad de Los Ángeles en tiempos pretéritos, funcionando casi como una perfecta continuación de la maestra “Boardwalk empire”, que a mi parecer, agota sus últimos coletazos. 

Tras el salto, sigue la introducción y los SPOILERS


 Pero en este caso, Darabont se decanta más por la adrenalina y la acción, imponiendo un tono solemne (que se agradece y mucho, en consonancia al material tratado), que ya pudimos ver en algunas de sus mejores obras como “La milla verde” o “Cadena perpetua”. Todo ello, rodado en clave de cine, como no podía ser de otra manera, en una ciudad comandada por el archiconocido cartel de “Hollywood”, y adaptado desde la sublime novela “L.A. Noir: The Struggle for the Soul of America's Most Seductive City.”, de John Buntin, de la que tampoco se puenden perder su adaptación consolera: L.A. Noire  de Rocksteady. Además Darabont utiliza viejos conocidos que nos harán este viaje mucho más fácil, como Jon Bernthal, protagonista encarnando a un joven detective de dudosa moral, al que todos recordamos por su papel del malogrado Shane en “The Walking Dead”. Su jefe, el inspector de policía, también es un viejo conocido de Darabont, Jeffrey DeMunn, aquel viejecito moralista de pelo blanco que desempeñó el mismo papel, tanto en la primera temporada de “The Walking Dead”, como en la película “La niebla”. Pero siempre hay un pez más gordo, y en este caso, es el jefe de policía William Parker, interpretado por Neal McDonough aquel vengativo marido de “Mujeres Desesperadas” que ahora podemos ver en “Justified”.

Por otro lado, también contamos con el sicario perfecto en tv, Robert Knepper, o como ustedes seguro que ya le conocen, el detestable T-Bag de “Prison Break”. Milo Ventimiglia, por su parte, protagoniza un gran cambio de registro, pasando de ser el buenazo Peter Petrelli de “Héroes”, a uno de los sicarios del mismísimo Mickey Cohen, un personaje al que ya vimos en la gran pantalla el pasado año, en la piel de Sean Penn y que en este caso, le da vida Jeremy Luke, con su brazo armado Ed Burns. Por último, en este apartado, destacar a la auténtica “femme fatale”, cuyos ojos ya me han conquistado en un solo capítulo, al igual que al protagonista, la bellísima Alexa Davalos. Para abrir boca, en este piloto, contamos con una “guest starring” de lujo, el carismático Simon Pegg, que esta vez ha dejado a su compañero Nick Frost en casa para abandonar su bis más cómica. Darabont teje toda su maraña a partir de un hecho cotidiano, “un tipo que entra en un bar”, osea el título del capítulo que nos ocupa, repitiendo la fórmula de la primera temporada de “The Walking Dead”, seis capítulos para su primera temporada, en edición doble a lo largo de estas tres tres semanas de Diciembre, que serán de Enero aquí en España, gracias a Antena 3 Tv.

En definitiva, seguro que encontrarán reminiscencias a “Boardwalk Empire”, “Uno de los nuestros” o a las mejores películas de cine negro del maestro Wilder, en concreto, “Double Indemnity” (o como aquí en España tradujimos, ya que somos los más chulos, “Perdición”).
Disfruten y como ya les dije: Bienvenidos a Los Ángeles. Bienvenidos a “Mob City”.




Tres pares de esos zapatitos de charol antes mencionados, avanzan sobre el asfalto mojado, para dar lugar a una escena que bien podría ser de “Los intocables de Eliott Ness”, con carrito de bebé y todo incluido. Sin embargo, comenzamos a imaginarnos que estos tres inocentes músicos, no son precisamente “los chicos buenos” de la función.  Sus estuches instrumentales levantan muchas sospechas, por lo que empezamos a imaginar que su contenido distará bastante de un estilizado violín. Darabont resuelve magistralmente el entuerto dentro de los cánones del buen guión: nos da lo que queremos, pero de una forma distinta a la que lo esperamos. En esta línea, la serie se alinea más hacia Truffaut que hacia Hitchcock, y por consiguiente, coloca el cómo por encima del qué. Y por eso, dejaré para su disfrute y sorpresa, de dónde sacan estos tres tipos sus cacareadas ametralladoras.

En este momento, se inicia un elemento clave en la serie: la voz en off. Representa un elemento esencial en cualquier producción noir que se precie, y esta por supuesto lo es. Esta voz pertenece a nuestro protagonista, y no sólo cumple una función narrativa, sino también descriptiva, al contarnos cómo se urden las mentiras y los negocios en Mob City. Es la voz de Joe Teague (Jon Bernthal), un veterano de guerra actualmente detective que en la escena del tiroteo, ya nos cuenta quién son esos tres misteriosos músicos: Bugsy Segel (el hombre que inventó lo que hoy conocemos como “Las Vegas”), Meyer (por sus obras le conocerán en “Boardwalk Empire”), y Sid, que principalmente es un sicario, pero que cuando crezca, se convertirá en el T-Bag de los años cuarenta.

Tras una elipsis aderezada con explicaciones de sombreros blancos y negros y de quién mueve los hilos en Los Ángeles, entramos, por fin, en harina: Joe Teague entra en un bar. Está esperando algo. Y ese algo no es otro que el delicioso cameo de Simon Pegg, que entra en escena. Su nombre es Hecky Nash, un reputado cómico que tuvo la feliz idea de chantajear a Mickey Cohen antes de largarse de la ciudad. En este momento, descubrimos que joe Teague, aparte de ser un pobre diablo, también es policía. Y Nash, desesperado quiere contratar sus servicios de Teague para cubrirle el culo en una próxima cita con los sicarios de Cohen.


Un hombre entra en una iglesia, en una lluviosa noche. Seguimos el travelling tras de sí en la iglesia. El hombre se dispone a confesarse pero pronto nos damos cuenta de que se trata de una escena definitoria para presentarnos un personaje: El Sid mayor. Todos sabemos que los mafiosos son dados a cualquier ambiente, para hablar de sus “cosillas” libres de escucha, todos recordamos a Tony Soprano reuniéndose en el supermercado con sus lugartenientes, mientras hacía la compra, etc.

En este caso es lo mismo, el confesado intenta justificarse y hacer creer al confesor que él no es el culpable. Pero Sid no tiene piedad, y mientras asoma su rostro a través de la rejilla del confesionario, dispara su escopeta sobre su objetivo. Un acto de contrición, pues.

 A la mañana siguiente, Teague vuelve a la oficina, donde conocemos al alcalde de la ciudad (que es el presidente USA corrupto de “24”), y la política que más se lleva en estos ambientes: “el codazo y el amiguete”. Joe, le cuenta a su jefe la conversación  con Nash, que no duda en transmitírselo al jefe de policía William Parker (Neal Mc Donough, “Justified”), que le sugiere seguir adelante con la operación para poder coger a los implicados “con las manos en masa” en las pruebas, y le recuerda algo muy importante: “si lo haces bien esta vez chico, el alcalde se acordará de ti. Estas suelen ser las cosas por las que los reeligen”.

Se acerca la hora del intercambio y Joe va a buscar a Nash a su lugar de trabajo, otro club nocturno. Al acabar su monólogo, Nash sube a los camerinos y mantiene una conversación telefónica con una dama, de la que Joe, curiosamente, no pierde detalle. Tanto, que al final de la llamada le pregunta a Nash que con quién hablaba y éste se ofende por la intromisión, al tiempo que Joe rechaza a otra de las preciosas bailarinas que se le insinúa con insistencia.

Joe y Hecky llegan al lugar del intercambio. Teague prepara su escopeta mientras la saca del maletero. Vemos un precioso plano de la ciudad de Los Ángeles, iluminada, glamourosa, preciosa. Joe intenta hacer ver a Nash que aún hay otra posibilidad, que acuda a la policía con sus pruebas. Nosotros creemos que es porque se huele la tragedia, sin embargo, el frío de Joe tiene otros planes distintos a los nuestros. Aparecen entonces los “chicos malos”. Sid y otro sicario de Cohen bajan del coche y se sorprenden al ver la figura de un poli custodiando a Nash. “Habrá que hacerlo de la otra manera”, sentencia Sid, refiriéndose a que no podrían matarlo como planearon y simplemente llevarse las pruebas. El intercambio se salda positivamente para los intereses de Hecky Nash y los sicarios se marchan con los negativos de las fotos del crimen que poseía Nash en su poder, y que constituían el objeto del chantaje.


Sin embargo, en este momento, encontramos el giro crucial de guión de este capítulo piloto, cuando Joe Teague, sin razón alguna, elimina a Hecky Nash, disparando su revólver en la cabeza. Posteriormente, dispara la pistola de bengalas, que había acordado con el inspector, para pedir refuerzos o cuando hubiera terminado todo, como era el caso.


Volvemos a ver el buen hacer del pianista y saxofonista del “Bunnys Jungle Club”, en una panorámica que sinceramente, les hará pensar en “Tréme”. Con una descarada estructura circular, Joe Teague, se encuentra en la misma silla de bar en la que empezó el capítulo.

La figura de Milo Ventimiglia entra en escena con toda su clse, sus zapatos relucientes, su corbata de lunares y su whisky con hielo. Joe le notifica que el trabajo está hecho, y se saca del bolsillo el sobre con “50 de los grandes” que le ofrecieron por hacerlo, el cual el mafioso tapa con su sombrero. Ante su asombro, Joe no se vende y el mafioso le advierte que Bugsy Siegel quiere que tenga ese dinero y posiblemente no le siente muy bien que no lo coja…


Joe se mantiene en sus trece, así que sólo queda preguntarle y preguntarnos por qué lo ha hecho. Joe, fiel a su estilo, como a la hora de matar a Nash, no da explicaciones, pero su conversación sí deja entrever que ambos estuvieron relacionados en el pasado a través del ejército.
La voz en off nos cuenta cuál es el verdadero motivo del asesinato de Nash. Y es que Joe, como yo, como todos nosotros dentro de unos días, está enamorado de la chica de Nash, a la que llamó desde el camerino para que estuviese preparada para huir. Una impresionante mujer fatal de cristalinos ojos azules y deliciosa figura: Jasmine.

En definitiva, Darabont vuelve a brindarnos una de las mejores series del año, que cuenta con varios puntos fuertes como su cuidada dirección artística, el profundo amor y respeto por parte del realizador hacia la época y ese metalenguaje del cine noir que habla del cine en sí mismo con constantes alusiones a todas aquellas películas del cine negro que alguna vez nos emocionaron. Su atmósfera oscura, deprimente y perfecta, se encarga del resto, porque aunque podamos pensar en que a su piloto quizá le falta un poco de chispa, estoy seguro de que el bueno de Frank y estos actores, no van a decepcionarnos. Tiempo al tiempo.

El viernes volvemos con el capítulo dos: “La razón por la que matar a un hombre”. ¿Adivinan en quién se centrará? Bienvenidos a “Mob City”, soy su guía asignado, @Dirtyharryyy
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