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Crítica: 'La vida de Adèle' (2013) de Abdellatif Kechiche

"Si el amor, como todo, es cuestión de palabras, Abdellatif Kechiche ha creado un idioma&qu...


"Si el amor, como todo, es cuestión de palabras, Abdellatif Kechiche ha creado un idioma". Esta sería mi versión de 'El amor', poema de Luis García Montero que bien podría resumir toda esta vorágine. Al caso, ¿Cómo le explicas a alguien la vida en 173 minutos y además lo haces bien? Comento que quizás, sería contratando a Adèle Exarchopoulos para que te interprete el papel principal. Menuda bestia de 19 años. Menuda mujer. "Todos" estamos acostumbrados a reconocer enseguida una película de amor, principalmente porque el papel de Romeo lo interpreta en un 101 % de las veces Channing Tatum. Tatum enamora a una chica -no necesita más de 10 minutos de guión-, sufre, pone cara de hombres que no existen, ambos se separan y vuelven en cualquier momento perfecto para que el espectador denote cierta sensibilidad cinéfila y la película supere el calificativo de "suficiente". Así es más o menos la plantilla del amor en Hollywood. ¿Qué hacemos si cambiamos a Channing por Adéle? Pues que nos sale, posiblemente, una de las mejores historias de amor del siglo XXI. Y además, que la película,  no tiene nada que ver con nada de lo que tenga que ver en amor en Hollywood. Y lo peta.

Adèle es una joven chica francesa de 16 años, y como cualquier francesa, da una pereza bastante importante. Su vida se basa en ir al instituto, dormir y comer espaguetis en familia, esa familia que también da una pereza importante. Todo muy interesante porque Kechiche se dedica a dirigir-acosar al personaje. Cómo duerme, cómo mastica y en definitiva, cómo chusca (que para toda la gente ajena a mi vocabulario, es acostarse con alguien). Cada gesto que hace Adèle lo podemos sentir. Llega un momento en el que incluso nosotros nos vamos 'lesbianizando', como si de una transformación de Digimon se tratara o como si saliésemos de una 'pokeball'. Desde el principio, Adèle está algo confundida. Le faltan cosas en la vida, se ve vacía, habla con muy poca gente y tiene muy poca gracia (que a decir verdad tampoco cambia mucho a lo largo de la película). Además, cuenta con un grupo de amigas teenagers que hablan de chicos y cerveza. -Dios santo, como para no sentirse vacía-. Y claro, le presionan, conoce a un chico, van al cine, hablan de cosas y se acuestan. Kechiche se tira casi una hora reflejando esta aventura absurda de Adele, y todo para hacer luego contraste con la historia de amor con Emma. ¿Alguien no se hubiera creído la historia si el director franco-tunecino se hubiera ahorrado meter a este chico? Resulta que Abdellatif, el hombre, pasa de todo el mundo.

Después de darnos cuenta de que a Adèle le aburren los chicos y de que necesita una aventurilla más exótica, aparece en su vida Emma. Adèle y ella se cruzan, se miran, se desean, se tocan con la mirada...en segundos, y sin conocerse, ya han vivido más amor que alguna gente en años. Y poco después, en un bar de ambiente, mientras Adèle se toma una cerveza esperando a su amigo, aparece de nuevo, para ya sí, empezar lo que será el drama más absoluto de la historia de las películas de este estilo. A veces creo que la mujer que inventó esta historia (la película está basada en una novela gráfica llamada 'El azul es el color más calido'), ha ligado bastante poco en su vida. Emma visita a Adèle en el instituto y todo cambia bastante, incluida una pelea con sus amigas teenagers que le llaman 'lesbiana' y la insultan. Esto, si se hubiera tratado de una película de los años 70 está muy bien, pero en esta película, donde se muestra una Francia moderna, incluso con un gay en el grupo de amigos...parece tan absurdo como ridículo, y quita, si no, bastante credibilidad a la película. 


Ambas se dedican a contarse su vida y a comerse con la mirada, porque lo que es con la boca, hasta que pasa un rato, no. Incluso grité 'hazlo ya' en un momento. Complicidad. Acumular ganas para acabar reventando. Kechiche seguía haciendo lo mismo, mostrar algo para que el contrario parezca más explosivo. Dos segundos después de un beso tímido, aparece LA escena. La última vez que vi tanto sexo en una película, la película la protagonizaba yo, y no era una película. Escenas de sexo explícito que no dejan indiferente a nadie. Me imagino a esa gente curiosa que fue al cine con la excusa de 'es que esta peli ha ganado premios'. Qué os voy a contar. Nunca el sexo en una película es gratuito, y nunca es demasiado. Explicar la pasión es muy complicado, y el director-acosador no podría hacerlo de otra manera que no fuera esta. Y a decir verdad, a ellas parece que les encanta.

A partir de ese momento, todo sucede muy rápido. Los padres de Emma son gente con muy buen rollo y superliberales y maravillosos, al contrario que los padres de Adele, que se han caído de un quinto y se creen que su hija tiene una amiga con el pelo azul que solo le explica filosofía. El sexo se sucede continuamente y la vida de amigas-guays empieza a tambalear. Todo el mundo crece, menos Peter Pan, y crecer no mola nada cuando vives en una burbuja. Adele es profesora, sigue ocultando a Emma, y parece no haber cambiado en absoluto. Y Emma se dedica a dibujarla y por fin se cambia el pelo con el look de Beckham en 2002. Tampoco pasa nada más, solo una cena en la que descubrimos que a ambas se les ha acabado el amor de tanto usarlo. Emma tontea con una embarazada, y seamos serios, tontear con alguien con hijos o embarazada es caer en la decadencia más absoluta.Y Adèle, entre los celos y el aburrimiento, habla con un chico interesantísimo.


Salta la sorpresa cuando, esa noche, no hacen el amor fuertemente como nos venía acostumbrando Kechiche. Se van a dormir tranquilamente y a nosotros, que ya estamos metidos casi de lleno en la crisis de la pareja, casi que nos empieza a doler la cabeza en esta inercia de excusas para no chuscar. ¿Qué no podía faltar en una historia de amor que nos deja peor que la heroína? Exacto, los cuernos. Y Adèle no daba suficiente pena que ha tenido que ser ella la que los ponga. Un compañero de trabajo y una fiesta son más que suficientes para que se carguen todo lo que han venido contando. Emma, que es muy lista, se entera y se la arma. Y qué bien actúan -sobre todo porque el director les hizo repetir la escena unas 30 veces-.

Recuerdo alguien que me preguntó una vez que cómo olvidas a la persona que te ha hecho olvidar el resto del mundo. Yo diría que no hay forma de hacer eso. "No quiero volver a verte, quiero verte volver" parece explicarnos Kechiche cuando sigue acosando a Adèle mostrándonos su actitud de no superar nada de esto. Y todo el mundo crece, menos Peter Pan y Adèle, que parece no ser capaz de decir adiós. El tiempo se hace eterno y por fin se produce el reencuentro. Un bar tranquilo y dos personas que parecen conocerse sin saber nada la una de la otra. En mi opinión, este es el momento "mira, Kechiche cabrón, ya no puedo más y voy a llorar" de la película. Cada palabra parece una sensación, y ante eso, solo puede haber un beso, unas lágrimas y que Emma tiene  pareja y Adèle está más sola que la una. A veces solo intentas que las cosas vuelvan a ser como hace años. Pero solo queda la magia, que no es ni mucho menos comparable con el amor. 




Ese temblor de barbilla cuando te dicen que ya no te quieren lo vivió muy mucho Adèle porque Emma parece no estar muy interesada. Aunque le recuerda que ahora no chusca como antes. Y todo se acaba. Adèle acude a la exposición de cuadros de Emma, que parece que ha sido todo lo que le ha quedado de ella. Tensión tranquila. Pero Adèle sigue siendo una chica perdida y misteriosa como al principio. La obsesión por alguien es enfermiza hasta llegar a límites insospechados. Hace poco fui a un concierto en el que el cantante dijo que "cuando en una relación no se enamoran de ti al segundo en el que tú sí lo haces tienes que salir de ahí". 173 minutos para explicar que el amor más absoluto nunca se acaba, pero lo que es peor, sigue existiendo para no dejarte vivir. Qué loco este Kechiche. 


Lo mejor de esta película: sin duda, son Léa Seydoux y Adéle Exarchopoulos. Absolutamente M-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a-s. Y Cannes lo sabe.

Lo peor: el relleno excesivo en NUMEROSAS ocasiones con escenas sin ningún tipo de sentido más que el egoncentrismo-caprichismo de Abdlellatif.

Nota: -No le pongas un 10, no le pongas un 10, no le pongas un 10-. Le pongo un 9. Con la esperanza de que Kechiche las vuelva a juntar (se odian actrices-director) para acabar esta historia.
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