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Review Breaking Bad 5x16 - Felina ("Series Finale" o como yo lo llamaría: "Gracias")

It´s over. Muchos de nosotros hemos cerrado una etapa de nuestra vida, una etapa muy importante...


It´s over. Muchos de nosotros hemos cerrado una etapa de nuestra vida, una etapa muy importante, que ha durado nada más y nada menos que 6 años y 62 capítulos. En estos seis años hemos podido vivir el más áspero drama, reírnos con el mayor humor negro, ser conscientes de las consecuencias que pueden acarrear nuestros actos (que siempre las tienen) y vivir a través de los cristales de un personaje icónico y que será recordado para siempre en la cultura pop internacional: Walter White/Heisenberg. Por todo ello, gracias.

En primer lugar, pediros disculpas porque sé que llego con una semana de retraso. La semana pasada viví una interesante experiencia haciendo un curso de inglés con una Beca en La Línea de la Concepción (Cádiz), donde estuve algo desconectado del mundo (que se traduce como desconexión a Internet). Desde aquí quiero decir que conocí un gran número de personas maravillosas con las que ha merecido mucho la pena compartir la semana, el inglés, y en definitiva, la vida, como con Walter White. Y como yo, también descubrí, parte de la legión de seguidores de Breaking Bad que también estaban como “Rabid dogs” por ver el final de la serie, el final de Walter White. Tras aquella emotiva sesión donde llevarse las manos a la cabeza era lo más discreto que podías hacer, estaba deseando escribir esta mi última review. Las reviews con las que pude debutar en “Los Lunes seriéfilos”, de la mano de Walter White, por lo que os digo, que ya veréis que la espera os habrá merecido la pena, porque analizaremos el por qué de las canciones de “Felina”, el por qué de su título, todo el simbolismo que encierra esta última entrega de Vince Gilligan, porque precisamente ahora que ha pasado una semana del desenlace, con más distancia, podemos analizar mejor. ¡Disfruten de la última función!

Tras el salto, SPOILERS


El papel más representativo de la carrera de Bryan Cranston, “Walter White” se fraguó en el backstage de otra de aquellas series que siempre recordamos con añoranza y que marcó un antes y un después en la televisión: “Expediente X”. El bueno de Vince era guionista de la serie, y en el capítulo “Drive” de la sexta (6x02) temporada, conoció a Cranston. Según dice Gilligan en el siguiente vídeo “su personaje era un cabrón pero aún así conseguía despertar simpatía en la gente”. Y otra curiosidad, Bryan Cranston también fue el villano de un capítulo de los “Power Rangers” (de los primeros, de los que nos gustaban).


No hay mejor forma de definir a Walter White. El capullo más simpático y torpe de la televisión es un hombre que comienza una nueva vida, a través de la metanfetamina azul lo que le hace sentirse útil y poderoso y da un nuevo sentido a su miserable existencia carente de motivaciones y como en nuestra infecta sociedad, carente de reconocimiento por la nubosidad de las apariencias. Por eso necesitaba ese toque torpe y cercano que nadie como Cranston podría haberle dado, para empatizar con nosotros a pesar de lo que en realidad es, un villano manipulador y despiadado. Aquí llega mi primer “gracias”, que es para ti, Bryan Cranston y a continuación os dejo a Heisenberg en “Expediente X”.


En este “Series Finale”, “Felina” encontramos una escena cargada de suspense y cómo no,  humor negro que nos sirve también para descubrir el por qué del título del capítulo. Cuando Walter está intentando encontrar las llaves del Volvo, encuentra un cassette y escucha una canción que se llama “El Paso” de Marty Robbins y versa sobre lo siguiente:

La voz que entona, nos cuenta cómo se ha enamorado de una “femme fatale” llamada Felina. A causa de este romance tan peligroso, las circunstancias le obligan a matar a otro hombre, por lo que tiene que exiliarse. Pero se da cuenta, que su amor a Felina es más grande que cualquier otra cosa y la necesita, por lo que vuelve a su lado. La canción termina reuniendo a ambos, pero él muere. O en otras palabras, “Felina” es el cristal azul y Walter es el protagonista, que como él, decide volver del exilio para reunirse una última vez con su amor. Aquí, Gilligan comienza a trabajar la imaginería trágica de su narración a través del discurso con este guiño de la canción “El Paso”. Me explico, porque me he puesto
técnico. Cuando llega el desenlace, es como que este venimos esperándolo desde prácticamente el principio, por eso no es tan triste ni sorprendente, porque Gilligan nos lo ha puesto ya delante desde el inicio. Y después de tode esto y de que aparece la poli dándonos un aperitivo del suspense que habrá en “Felina”, las llaves estaban en el compartimento superior… claro, Walter, claro.


Pasamos la cortinilla de entrada por última vez, y el genial Gilligan comienza a engarzar todas las miguitas de pan que dejó por el camino, como si de un puzle se tratase. Aquí vemos el flashforward en el que Walter abandonaba todas sus armas en el maletero del Volvo para posteriormente abandonar también el propio
coche. Con su imaginación habitual se hace pasar telefónicamente por periodista del New York Post y así averiguar la dirección de sus dos excompañero traidores, Gretchen y Elliot, que motivaron su ira al final de “Granite State” al verlos en televisión. Decía Jack Bauer en “24” que los hombres eran más peligrosos que cualquier otro animal, cuando no tenían nada que perder. Heisenberg ha llegado a este punto, por lo que está desatado y sabe que, de una forma o de otra, ésta será su última aventura.


Para más inri, es su cumpleaños y Heisenberg quiere invitar a su fiesta a todos con los que tiene cuentas pendientes. Pero también tiene claro que será despiadado y no debe nada a nadie, por eso abandona el reloj que Jesse le regaló en su anterior cumpleaños, para posteriormente, proseguir su camino.

Con asombrosa tranquilidad, y facilidad, por qué no decirlo, allana la  residencia de Gretchen y Elliot. Una vez lo ven dentro, Walter les insta a que ingresen los nueve millones que aún le quedan a su familia, a través de un fondo fiduciario para víctimas de la metanfetamina del que nunca sabrán la procedencia, cuando Flynn
cumpla 18 años. Si no cumplen su promesa, o Walter sufriera algún inesperado “accidente” próximamente, los dos mejores tiradores de Texas les estarán vigilando…
Hay que destacar, el importante trabajo del equipo de maquillaje y caracterización que consigue darle tal aspecto de hombre acabado en esta última entrega a Walter, que parece mucho más siniestro y peligroso. También el de puesta en escena de Michael Slovis, por ejemplo, en el plano en el que Walter está mirando las fotos y Gretchen está en la misma habitación, de espaldas a él, que confiere un gran suspense a la escena, simplemente con la utilización de los elementos en el espacio.

Ya en el coche, descubrimos que estos dos geniales tiradores no eran sino Skinny Pete y Badger con dos simples punteros láser (cómo no íbamos a despedirnos de ellos…) que le comentan a Walter que hay una nueva meta azul en la ciudad incluso más potente que la suya. Vemos un impagable primer plano de su rostro, en el que dice: “Jesse”…
La principal motivación de Walter y de la serie ha quedado satisfecha en los primeros minutos de su capítulo final, por lo que acontece a continuación es una historia de venganza y redención. Y para ello, Walter vuelve a casa. Y vemos el segundo flashforward, en el que Walter saluda a su vecina Carol y vuelve a su casa,
convertida la piscina en una pista para skates. Lo que nos sorprende es que allí está Skyler con la que mantiene una conversación con otro momento memorable. Como Simeone, a base de repetir su “partido a partido”, Walter nos había convencido a todos de que todo lo que hacía, lo hacía por su familia. Sin embargo, viendo la actitud de Heisenberg y su evolución psicológica (que por eso nos gusta tanto esta serie), albergábamos dudas sobre si esto continuaba siendo cierto. En esta escena, Walter la despeja y ayudado por un enorme trabajo de iluminación, que esta vez es abundante y celestial, Walter por fin le dice la verdad a su esposa y a todos nosotros: “Lo hice porque me gustaba, porque era el mejor, porque me sentía poderoso, porque me sentía vivo”. Gracias Walter, y gracias también a los señores que escriben los libretos. A cambio de esta inaudita sinceridad, Walter recibe el mejor regalo de cumpleaños: volver a ver a Baby Holly.

Pero Walter también querrá ver a su retoño masculino, el que se llamaba como él, el que un hombre siempre piensa que será su sucesor: el primogénito varón. Y Heisenberg consigue hacerlo, en una escena muy triste donde Flynn no le ve y donde tampoco podrá despedirse de él.

En este punto, tiene lugar un nuevo encuentro “negocios-amor” entre Lydia y Todd. Walter, les espera en la cafetería en la que vemos el tercer flashforward, aquel en el que a Walt le servían un café y le decía a la camarera: “Hoy es mi cumpleaños”. Walter avanza a la mesa de la pareja y se sienta entre ellos y provoca una metáfora visual muy de Alfred Hitchcock. En el plano vemos a los tres, y vemos cómo Walter ha sido el motivo para el que se conozcan Todd y Lydia, pero también será lo que se interponga en su ¿posible?

historia de amor. Walter se inventa que vuelve al ruedo, a cocinar, pero es un simple pretexto de distracción. Cuando Walter se marcha, Lydia confiesa a Todd que matará a Walter. La escena se termina con un plano que nosotros creemos que es recurso y que sirve como nexo de unión, donde vemos el remover del café de Lydia. Nada más lejos de la realidad. Es un recurso de “siembra y cosecha”, una imagen recurrente que se queda en nuestra cabeza, y que momentos después, cuando descubrimos que Walter ha echado ricina en ese café para matar a Lydia, desempolvamos para dar sentido a la narración.

Acabamos con la primera media hora y la segunda parte de este capítulo sabemos que será irreversible. Comienza el desenlace.

Walter llega al lugar de encuentro con Jack y sus secuaces donde retienen a Jesse. Vemos una ensoñación idealizada de Jesse en la que vive momentos felices, pero que contrasta inmediatamente con la mierda en la que se ha convencido su vida. Walter baja del coche y los hombres de Jack le registran, pero cometen el error de no registrar el coche. Todo el rato vemos que las llaves de Walt naranjas encierran alguna sorpresa para el clímax. Gilligan recupera esa sensación de los inicios de la serie, cuando Walter se convertía en McGyver e inventaba sorprendentes artilugios o estrategias que le acababan salvando la vida siempre. Y llega el momentazo. Walter abre su maletero y una potente
ametralladora programada emerge de él para acribillar a todos los que se encuentran allí. Jesse encuentra un punto ciego y se salva, igual que Walter (o eso creemos nosotros). Pero como mala hierba nunca muere, Todd y su tío Jack también sobreviven al brutal tiroteo. Heisenberg coge la pistola y dispara a Jack en la cabeza antes de que pueda terminar la frase, en una acción que me hizo aplaudir por la venganza de Hank, en una escena similar. Justicia poética, que lo llaman algunos. Por otro lado, Jesse al más puro estilo Bardem en “no es país para viejos”, ajusticia brutalmente a Todd, asfixiándolo con sus esposas. ¿Y nosotros qué? Nos recreamos en sus muertes. Y llega la escena que todos estábamos esperando: Walter y Jesse, cara a cara.

Durante mucho tiempo, anterior a este episodio, pensé que Jesse sería el que matase a Walter. Aquí, Walter pensaba (erróneamente) que Jesse era el socio de Jack. Pero al darse cuenta de que ha sido torturado y obligado a cocinar (lo de la muerte de Andrea fue muy duro), decide finalmente no hacerlo. Pero sabedor de lo fácil que ha manipulado siempre a Jesse, le pide que sea él el que ponga fin a la figura de Heisenberg. “You want it”, “I want it”.

Pero Jesse, como ya le dijo hace algunos capítulos, no volverá a seguir las órdenes de Heisenberg, así que no dispara y escapa a toda velocidad en la última escena que le vemos, experimentando una mezcla entre locura y felicidad. Leí por ahí, en otra review que se echaba en falta una escena de despedida entre Walter y Jesse. A mi esto me parece perfecto que esté como está. Después de todo el daño que se han hecho mutuamente, o de cómo le ha fastidiado la vida Walter a Jesse ¿Qué esperábamos? ¿Que se fundieran en un abrazo?

Llegamos al clímax, pero con sentimientos encontrados al desear no llegar nunca a este momento durante todo el capítulo y por extensión, la serie. Un clímax en el que Walter descubre que una de las balas le ha alcanzado y que, por el jaleo que se ha originado, la policía ya se dirigirá hacia allí. Pasea por el laboratorio, rememorando lo que ha sido su vida y su gran pasión: cocinar meta azul. En este momento, oímos “Baby Blue” de “Badfinger”, una canción que ya utilizó magistralmente Scorsese en “Infiltrados”. Es una canción de amor, que viene al pelo, y con la que nos damos cuenta de que la Felina de “El Paso”, no es otra cosa que “Baby Blue”, es decir, el objeto de deseo del protagonista por el cual lo arriesgará todo y porque es su “baby”, su pequeña creación azul que dio sentido a su vida en el momento más complicado.

La elección de esta canción se debe a que el asesor musical, Thomas Golubic, elegía constantemente canciones con la palabra “Blue”, que sistemáticamente Gilligan rechazaba una vez tras otra. Gilligan le comentó que “Baby Blue” era perfecta para el final, al respecto de lo cual, Golubic declaró: "Cuando llegaron los brutos, con ese maravilloso plano con grúa sobre Walter White, y pusimos la canción [pensé], 'ahora lo entiendo todo", continúa Golubić. "Es una historia de amor entre Walt y su devoción por la ciencia, y ésta fue su creación más grande, su mayor triunfo como químico". No trataba de Walter White como un criminal o un asesino o una persona terrible. Era sobre él, poniendo fin en sus propios términos. Creativamente encajaba".

Y con “Baby Blue”, vemos cómo Walter posa su mano sobre la herramienta para cocicinar y se ve reflejado en ella, de igual forma que en la balada de inicio, Felina besa a su amado, justo antes de morir en el desenlace. Y entonces cae, y cae con él, una de las épocas, audiovisualmente hablando, más bonitas de nuestras vidas, más entretenidas, más dramáticas, en definitiva, más reales. Con un último y maravilloso plano, que aleja la cámara hacia arriba, viendo como Walter esboza una sonrisa, porque se ha salido con la suya, porque ha ganado, porque esto termina cómo y cuándo lo diga Heisenberg. Gracias Walter, por tantas torpezas que nos han hecho reír, por enseñarnos a amar la ciencia, por enseñarnos lo que un hombre normal es capaz de hacer en una situación difícil teniendo como único recurso su maravilloso cerebro, por darnos valor y coraje para seguir hasta el final. Y gracias por supuesto, al Señor Vince Gilligan, por crear una de las mejores series de la historia.


Tras el shock y alguna lagrimilla, comenté el final con mi amigo Gonzalo. Yo defendí que este era el mejor final para Walter y Breaking Bad. Hay que ser realistas, Walter ya lo había perdido todo, si se salvaba nunca iba a recuperar a su familia, nunca iba a recuperar las relaciones sociales ni su amistad con Pinkman, ya que era un fugitivo y su único final alternativo era estar abocado a pasar sus últimos días en la cárcel o exiliado en una cabaña de montaña, esperando sólo a la muerte a casusa del cáncer. Al menos, murió matando y eso, le honra además de provocar una sonrisa con su último aliento, lo cual es imposible que decepcione a nadie.


Por último, quería hacer una mención especial a vosotros, los que me habeis seguido cada semana, leyendo las reviews. Este es el GRACIAS más grande, ya que he tenido no sólo la oportunidad de poder comentar mi serie favorita, sino de ser leído y comprendido por una gran comunidad que te valora, a la que le interesas y comparte una visión romántica sobre determinadas series. Esa es la mayor satisfacción para mi, porque si una sola persona ha sido capaz de vibrar con alguna de mis reviews y le ha creado adicción para acordarse de mi en semanas distintas, yo soy completamente feliz con ello, por ello os lo agradezco. Estoy agradecido también a Mario y “Los Lunes Seriéfilos”, y aunque se cierra una etapa muy importante no de mi vida, sino de las nuestras, tengo que decir que cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. Seguiremos viéndonos en “Marvel,s agents of SHIELD” y próximamente en “Banshee” y “Mob City”, mientras tanto “Remember my name: @DirtyHarryyy”.

Gracias.

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