Festival de Sitges: The Weight

Una de las películas que más me conmocionó en Sitges fue The Weight, también fue mi primera y no se si será por eso que está entre mi top four de películas que he visto en este Festival de Cine Fantástico que me han tocado la fibra o bien me han hecho pasar un momento memorable.
El argumento es muy sencillo, Jung es un hombre poco agraciado, con joroba, y que debido a su trabajo en la morgue de su ciudad, tiene tuberculosis a parte de artritis, cuyos únicos amigos son los muertos.
Hasta aquí podría ser una película cualquiera pero tiene algo que la hace especial. Los muertos y los vivos se mueven, bailan en un mundo, en el mundo que ha creado Jung, y allí nadie más tiene cabida.





Pero que el protagonista trabaje en una morgue es la excusa perfecta para contar una historia cotidiana, donde los que no se sienten identificados con el mundo en el que viven, se sienten extrañamente agusto con una soledad autoimpuesta, donde los raros son los que viven fuera, y él, en su rareza es feliz.
The Weight habla sobre los cánones que nos impone una sociedad corrupta, donde solo es feliz el que más guapo es, o el que más tiene y los raros somos los otros, los que no somos ni guapos ni feos y no tenemos nada. Jung no tiene nada.
Como Six Feet Under, disculparme los amantes de esa serie (yo entre ellos), se nos van presentando a los muertos y nos van contando la historia de como llegaron hasta ahí. Cómo murieron es un ejemplo de su vida. Y el final que tienen es un reflejo o una realidad inconcebible, de que todos guapos y feos, normales y con defectos, acabaremos en una mesa fría donde unas manos anónimas nos limpiarán, nos vestirán y nos meterán en un ataúd solos.
De todas las películas que he visto en Sitges, y de las que daré buena cuenta aquí, lo menos importante son los diálogos. Lo que más admira la gente es la belleza de las imágenes. The Weight tiene imágenes, escenas espectaculares, de esas que te hacen quedarte sentada boquiabierta, sin saber que hacer... Reír o llorar... Levantarte corriendo o quedarte sentada para ver una historia que sabes desde el principio que no va a terminar del todo bien...


Pero como en las películas y en la vida, todo depende del color del cristal con el que se mire la vida. A mi me pareció dura, pero aún así con un mensaje lleno de esperanza, simbolizado por un pequeño pájaro blanco que visita a Jung en varias ocasiones, supe leer, entrever en la historia, un argumento rico, lleno de simbolismos, lleno de historias magistrales. De ritmo cadencioso en algunos momentos se hace pesada pero yo no veo pesadez por ningún sitio... Vi una historia de verdad, contada desde dentro, sin juzgar, donde los personajes crecen al ritmo que crece la película...
Tiene también momentos graciosos, hilarantes y un tanto absurdos que le confieren una perfección que no he visto en muchas películas coreanas que suelo ver. No hay casquería, ni sangre a borbotones, solo la que tiene Jung en sus manos y en su bata blanca.
Como veréis no he contado mucho argumento porque creo que es una película que os tiene que sorprender, yo solo tenía la premisa de un trabajador de la morgue tuberculoso, con joroba y artrítico, me gustó que me sorprendiera hasta el último momento, me gustó que fuera mi primera película de Sitges y que me removiera algo por dentro, pero algo bonito...


Son esas películas que cuando piensas sobre ella o nada más salir del cine te hacen plantearte tantas cosas que no sabes ni por donde empezar...

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